Momento de ignición política

“Vimos en tiempos de emergencias que requieren de una subversión herética, de probar otra fórmula. Hay muchas islas que encender. El arte es un gran fósforo”, argumenta Concha Mateos Martín.

Momento de ignición política
Estatua con el cartel de No es No. Foto: Eduardo Robaina

Concha Mateos Martín // Lo he vuelto a oír: “Hoy cae otro notición, ya verás”. Ayer: “A ver con qué sorpresa nos despierta la radio mañana”. Veo crecer la afición a los giros inesperados. Lo que la gente cool llama disruptions. En la última década el pensamiento disruptivo se volvió dogma en el mundo de los negocios. 

Las mentes disruptivas, sin embargo, han existido siempre. Y no siempre con éxito en vida. Sócrates fue condenado a morir tomando cicuta por corromper a los jóvenes. Hacía preguntas. Disruptivo Sócrates. Galileo, hombre del Renacimiento, curiosidad incontenible, físico, matemático, ingeniero, astrónomo, filósofo, se atrevió a pensar diferente: que el sol no gira alrededor de la tierra sino al revés. El heliocentrismo que sostuvo Galileo fue disruptivo, sobre todo para él: le trajo la tortura y la condena de la Santa Inquisición. Le obligaron a firmar con su propia sangre la abjuración de sus ideas y certezas. 

Las creencias de Galileo eran conflictivas en su tiempo. Después han pasado a ser conocimiento científico. Así es la ciencia: algo es mentira hasta que un procedimiento viene a demostrar que es verdad. Y al revés: una verdad dura lo que otra tarda en venir a desplazarla. Lo explicó el físico estadounidense Thomas Kuhn en su teoría de las revoluciones científicas. Y Teun Van Dijk aclara: si una creencia es conflictiva, la llamamos ideología y cuando logra la aceptación social, pasa a ser considerada conocimiento general. 

Las ideologías son creencias de ciertos grupos, conocimiento que sólo resulta indudable para un parte de la sociedad. Pero esas partes pueden crecer, extenderse. A veces ocurre que se acompañan de razón, de evidencias, de pruebas, de sentimientos compartidos y… se encienden. Y pasan entonces a iluminar tantas mentes que las dejamos de llamar ideologías y las aceptamos socialmente como sentido común. 

El 21 de mayo pasado, el IV Encuentro Internacional de Rectores Universia se celebró en Salamanca con el mecenazgo del Banco de Santander, presidido por Ana Botín. No se trataba precisamente de un foro anti sistema. Cuando en su programa matutino de radio la periodista Pepa Bueno le preguntó si se consideraba feminista, la banquera contestó: “Si me hubiera hecho usted esta pregunta hace 10 años, le habría dicho que no. Y hoy le digo que sí porque (en este punto la banquera titubea, pero levemente) al final me he ido dando cuenta de que existe discriminación”. 

En esa entrevista vi saltar una chispa. Solo una chispa, claro. Pero las palabras portan significados y los contextos revelan algo mucho mayor: el sentido. Importa qué palabra, dicha por quién, dónde y cómo. 

En los momentos de ignición algo prende culturalmente y se ilumina un paisaje mental nuevo. Por ejemplo: un paisaje en el que ya nadie se atreve a negar que es la tierra la que gira alrededor del sol. Otro ejemplo: un paisaje en el que una banquera educada en un internado católico ya no se atreve a negar que hay discriminación patriarcal.

Cuando ese paisaje se enciende, la verdad cambia de bando. Durante siglos, se reprobó, persiguió, torturó, condenó y asesinó a mujeres porque intentaban escapar al control de los hombres. Todavía se las castiga en muchos lugares, aunque la historia de las beguinas medievales nos parezca superada y lejana. 

Ser una mujer libre, ser feminista. Hubo un tiempo en que te llevaba a la hoguera. El 21 de mayo llevó a Ana Botín al reconocimiento público. Feminista: ayer, un peligro, hoy, un prestigio. Sí, algunas creencias de la ideología feminista han perdido su etiqueta de ideología. Igual que las verdades científicas de Galileo. 

Vivimos tiempos magmáticos, hay corrimientos de tierra bajo las alfombras. Algunos, silenciosos; otros, eruptivos. Pero el piso se está moviendo y está haciendo que caigan presidentes y presidentas, de gobiernos, de partidos, de bancos; estamos viendo entrar en la cárcel, en zapatillas de deporte y chándal, a personajes a los que antes sólo habíamos llegado a ver bajo el camuflaje de la alta costura. 

Sin embargo, los principales movimientos magmáticos que se aprecian en el cuerpo físico del poder nacen -requieren nacer- primero en las mentes. Al principio en las mentes de unas pocas. Después, en las de muchas. Primero fue el 8M. Y después las muchas ministras. Muchas, pero menos que el quorum que las ha hecho posibles. Porque le quorum primero se hace en la calle y después… ¿quién se atreve a seguir diciendo que es el sol quien gira alrededor de la tierra? 

El quorum está haciendo que el miedo cambie de bando. Aunque no del todo. Porque no es lo mismo ser feminista mientras las kellys te hacen la cama en hoteles por los que pagas en una noche lo que ellas cobran en un mes, que ser kelly feminista.  

Hace más de un año me lo dijeron. ¿Qué te parece? Yo no estaba segura de entenderlo entonces. ¿Quorum Global? ¿Un grupo de gentes del común? ¿Emergencia? Sí, emergencia porque es urgente. Emergencia porque el magma está emergiendo por ciertas fisuras. Y las pensionistas encendidas. Y el 8M encendido. Y las kellys encendidas. Y los manteros encendidos. Y fogonazos de crisis en el sistema logístico del corazón mercantil: Amazon, los repartidores en bicicleta. Y se iluminó la imagen de los kilos de plástico en el vientre de una ballena. El mar de plástico dejó de ser metáfora. 

Emergencia porque estamos superando los límites del rendimiento físico del planeta y hemos quebrado su equilibrio. Emergencia porque hemos superado los límites de la armonía social y estamos causando castigos tales a pueblos y personas que, si aún a alguien no le avergüenza causarlos, es porque ha perdido su condición humana. Emergencia porque, para todo lo demás, no podemos esperar tantos siglos como ha costado llegar al 8M. 

Y si hay emergencia, pulsar el botón herejía. Practicar la subversión herética de la que habla Pierre Bourdieu. Es la primera tarea política, según el sociólogo francés: desvelar que el orden que nos rige no es natural, es construido. Y, como tal, puede ser deconstruido. Actuar desde el subsuelo de la cultura. Y mejor si es de la mano del arte.

Bourdieu, hace un cuarto de siglo, en diálogo con el artista conceptual germano-estadounidense Hans Haacke, reflexionaba sobre los valores del arte para la lucha política. El francés apreciaba una notable ineficacia de los intelectuales, sindicatos y partidos para oponerse a los éxitos que las empresas lograban usando técnicas sofisticadas de relaciones públicas. Los intelectuales, sindicatos y partidos llevan –decía- “un retraso de tres o cuatro guerras simbólicas” en las estrategias de lucha que practicaban. 

Su apreciación sigue vigente hoy. No sé si es su mérito haber sabido generar un pensamiento trascendente que no caduca o es falta de pericia de quienes tratamos de desencadenar las transformaciones.

Subversión herética. Probar otra fórmula. Momento político caliente. Muchas islas que encender. Unidas por lo que las separa. Y el arte es un gran fósforo. Ahora entiendo qué es Quorum Global. Y en octubre hacen Islas encendidas. 

Creo que merece seguirles la pista. 

 

Concha Mateos Martín es profesora en la URJC y una enredada en esto de Quorum Global.

La Marea participa en Quorum Global.

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