Davos en Villaverde

Publicado en El Salto el 26 de enero de 2018

Mientras la población en general, sentada ante sus televisores o colgada de sus smartphones, ve desfilar por la nieve de Davos la élite política y económica mundial, los nadie nos hemos vuelto a reunir, esta vez en Villaverde, donde se acaba Madrid. Otra vez, sí. Si ellos lo hacen cada año, no veo por qué nosotros y nosotras no podemos volver a intentar cambiar el mundo, aunque el mundo probablemente no sepa ni siquiera que existimos. El mainstream no tiene parada en estos barrios, pasa de largo.

Cambiamos las limusinas por el metro y los hoteles de lujo por un fenomenal equipamiento público, La Nave, que sólo por verlo merece la excursión al sur de la capital. Entre la nieve de los Grisones dicen estar muy preocupados por todo lo que está pasando, hasta el punto de que la presión del #metoo les ha llevado a ceder la presidencia del cotarro a las chicas. Venga, déjale el Scalextrix un rato a tu hermana, Manolito, que no lo va a romper.

Aquí estamos. Alguien decidió que el enésimo intento de unidad popular debía llamarse Quorum Global. Bueno, no es el enésimo por suerte, hay elementos nuevos, interesantes, diferentes, y ahí creo que reside el acierto de las organizaciones y las personas que lo están impulsando. Porque hay mucha gente (más de doscientas inscripciones), somos muchas entidades y movimientos interesados en que no sea la enésima lista de distribución de correos electrónicos, en la mayoría de casos la única expresión práctica de los últimos intentos de coordinación activista.

Me interesa, por ejemplo, que nos hayamos dado cuenta de que sin medios y periodistas no hay transformación, y que hay que construir una alianza con esa generación de redacciones que se va haciendo un espacio en el éter y el ciberespacio, recuperando la esencia del periodismo libre. Hoy por hoy, tan activista es ser subscriptor de La Marea o de El Salto como asociarse y apoyar a alguna ONG, asociación de vecinos, etc. Conectar con las mayorías que sufren el estado generalizado de crisis es un reto ineludible, algo que a este magma presente en La Nave nos ha costado horrores durante décadas. No perder el cable a tierra es fundamental para seguir aprendiendo, construir lenguajes inteligibles para la población (¿qué coño quiere decir ‘constructo’, bróder?). Bueno, sí, podemos aceptar que eso se llama ahora ‘construir el relato’. Para saber cómo se organiza y respira la gente que sube, la que no tiene casa, la que viene de lejos. Para ser útiles a esa revuelta siempre pendiente y quitarnos de encima cierto tufo elitista. Para no obcecarnos con llegar a fin de mes y no perder de vista para qué estamos aquí.

Sin medios cómplices no hay reconexión, se dice rápido y es evidente, pero hemos estado media vida mendigando una carta al redactor de un periódico que no sabe ni cómo nos llamamos. Bien. Fenomenal tener a la economía social y a las finanzas éticas, inevitables compañeras de viaje, si queremos tener la más mínima opción para transformar. Ecologistas, economistas, passeu, passeu, casa meva és casa vostra, que diría Sisa. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes?

Ahí estuvieron Yayo, Itziar, Violeta, Pablo y mucha gente más dando ideas y visiones. ‘Para afrontar esta crisis global es inevitable impulsar un decrecimiento de la esfera material de la economía’. ‘Hay alternativas de que otro mundo es posible si tejemos y articulamos redes en la diversidad para resistir frente a los poderes de unos pocos que intentan dividirnos y vencer’. ‘Queda mucho camino por recorrer hasta acabar con las opresiones a las que se enfrentan las mujeres. Para ello hay que terminar con el sistema económico dominante para el cual las mujeres son parte del botín’. ‘Cada una de nosotras, desde nuestro ámbito, estamos desde hace tiempo trabajando por lo colectivo, lo común, pero no alcanzamos a revertir las preocupantes, insoportables, intolerables dinámicas en curso’.’El espacio que no sepamos ocupar nosotras, con nuestros discursos tan complicados, lo ocuparán propuestas y organizaciones fascistas. Si no articulamos nosotras la insatisfacción y la respuesta ante la crisis, lo harán ellas’.

Los corrillos discuten a continuación, piensan en esos retos pendientes, en un mapa de actores por construir, en tender cables con todas esas luchas, interconectadas a la fuerza. Ahora viene lo difícil: ¿cómo sigue todo esto? Es un proceso. Hay que generar algo visible, un posicionamiento que interpele a la clase política y económica en las próximas elecciones. Cada territorio debe involucrarse a su manera y ritmo. Es necesario avivar el encuentro y el intercambio.

A quien se pasa y se gana la vida entregando papeles a la administración pública, le cuesta lo difuso, respirar sin que haya objetivos, resultados e indicadores. Sea cual sea la forma final de Quorum Global, es evidente que sólo será interesante y tendrá utilidad para quien tenga una voluntad de transformación social, en la acepción más trasgresora y valiente del término, y no en sus formas deconstruidas, descafeinadas y domesticadas.

Me conformo con haber sabido dar con un tecla, la del cambio de mirada. La de la necesidad de interpretarnos y contar con todos y todas, la de anclarnos a esos barrios en los que, más optimistas que ayer, volvemos a coger el tren de vuelta a casa. En Davos debe de seguir nevando a estas horas.

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